09 septiembre, 2016

TIEMPO DE ESPERA



Navegar en el tiempo de espera, y contemplar cómo se desmorona
la encumbrada montaña donde había nacido un copioso río,
y, en el lecho, su esencia caló en la aterida tierra, en sus cercanías.
Se secan las cascadas. Marchitos los campos por migas de rocío,
se pierde la humedad en los pétalos de la siega prometida,
y se acalla en los cantos, la consonancia que marcaba un camino.
A un alma la sujeta la amnesia, y otra se estrena en su destino:
abandona el páramo de arena donde el frío hiela las venas;
estrangula el destierro, ahoga el silencio que aviva el vacío,
y encausa los recuerdos para adormecer la ansiedad en su vereda.

Cabalga en la aurora para conquistar un amanecer nuevo:
descorrer las cortinas y dejar que el sol evapore el lamento;
sentir que, en cada instante que el reloj marca, los versos son melodía ;
la fuerza del viento tan solo alcance a ser brisa, al atardecer,
para que deambule, sin contratiempo, la magia de su caricia
y cautive suspiros que emerjan de sensaciones concordantes;
enamorar al mar del olvido para que reseque las raíces,
menguadas y negadas a morir, consumado el tiempo de espera.
¡El tiempo no se cansa de andar!, avanza por doquiera se va;
si se está, no se pierde; no se acaba, si se espera sin esperar.

03 junio, 2016

ESCAPE



Aun con blanco, en el verde de los pinos,
despiertan los susurros del viento
que aclaran los caminos,
y se apaga el lamento
de un ansioso lobo, en aislamiento;

no como aves sin nido, de aquel cuento
en los helados montes blanquecinos,
que olvidan el tormento
con rayos peregrinos
y sufren con los fríos nocturnino,

e incitan compasión,
sin avance en el tiempo,
por su gélida acción.


28 mayo, 2016

PEREGRINAR


Peregrina sonámbulo mi paso,
vaga en tu geografía sin retraso,
para sembrar mis ganas, en ocaso,
y regar cada campo sin fracaso.

Con instinto montés de mi deseo
crean bardas mis manos, en bordeo;
te conciben el más suelto reo
e incitan en mis tierras tu paseo.

Siembro en tus noches, tú en mis alboradas,
las  rojas entre rosas sonrosadas,
y quedan en los campos savias liadas,

que mitigan la sed en el desvelo,
que templan pieles bajo el pañuelo,
que deslíen el frío para el vuelo.